El hombre cuenta con tres instrumentos que se le han otorgado: la mente que le involucra en el pensar; el poder del lenguaje que le permite comunicar sus pensamientos y el poder de la acción mediante el cual puede llevar a cabo lo que piensa, ya sea solo o en colaboración con otros, o para sí mismo o para otros. La mente produce pensamientos que pueden ser útiles o perjudiciales. La mente puede llevar al hombre hasta la esclavitud, hasta involucrarse más profundamente con los deseos y los desengaños. También puede conducirle hacia la libertad, el desapego y la liberación de los deseos. La mente es un manojo de preferencias y aversiones. Manas (la mente) es el asiento de manana (el reflexionar sobre las experiencias mentales y sensoriales).
La mente se dedica a dos actividades: planear y dialogar. Ambas siguen líneas diferentes. El planear se centra en resolver los problemas que se le presentan. El diálogo multiplica los problemas y mezcla las soluciones, causando confusión y llevando muchas veces a la adopción de medios equivocados y funestos para resolverlos. La conversación interna y el parloteo polemizante es ininterrumpido desde la mañana hasta la noche, hasta que el sueño vence a la mente. Esta charla constante termina por causarle perjuicios a la salud y anticipar la vejez. Los tópicos sobre los que se basa este parloteo tocan, en su mayoría, los defectos y carencias de otros y su fortuna o desgracia. Este diálogo perpetuo es uno de los grandes culpables de las miserias del hombre. Cubre a la mente con una espesa capa de tiniebla. Enloquece con facilidad y ayuda a suprimir el genuino valor de la naturaleza humana.
La conversación que ocupa la mente durante los períodos de vigilia persiste aun en el sueño y le roba al hombre un descanso que le es necesario. Y ta suma total de todo este ejercicio, a decir verdad, equivale a cero. Ningún hombre podrá considerarse pleno y libre a menos que logre detener este mal.
Las Upanishads prescriben ciertas prácticas como remedio para librarse de este obstáculo a la paz interior. La primera es el pranayama o regulación de la respiración. El pranayama no representa una gimnasia ni un formidable ejercicio. La inhalación del aire es puraka, la exhalación es rechaka y la retención entre ambas es kumbhaka. La mente deberá concentrarse durante el período de retención del aire, en los procesos de inhalar y de exhalar únicamente. Cuando la atención se fija así, se le dará fin a la conversación interna sobre temas irrelevantes y se adquirirá fuerza mental.
La segunda práctica es sumergirse en el karma (acción), en la actividad beneficiosa, es decir, la actividad de servicio a los demás. Cuando tales actos sean buenos y piadosos ayudarán a reducir el sentido del ego. Cuando nuestros pensamientos se ocupan en tales actividades, la mente pone fin al intrascendente divagar al que se entrega.
Por otra parte, las prácticas de sravana (escuchar los consejos espirituales), manana (reflexión sobre directivas espirituales) y nididhyasana (descubrir formas y medios para confirmar la fe en el Espíritu), así como el japa (recitación de los nombres de Dios) y tapas (retiro de la mente de la búsqueda de lo sensorial), han sido prescriptos por las Escrituras más para silenciar esta divagación mental y como preparación para alcanzar la Realidad, que para su realización. Porque sólo cuando la mente se ha limpiado y clarificado puede llegar a emprender una tarea de tal profundidad. Sólo entonces llegan a ser puras e inmaculadas las lecciones que se enseñan y las experiencias que se viven.
El segundo instrumento que se le ha dado al hombre para su elevación es el lenguaje, el uso de la palabra. El lenguaje está cargado con un tremendo poder. Cuando, por medio del lenguaje, le comunicamos algo a una persona que trastorne su equilibrio o que la haga sufrir, las palabras le extraerán toda su fuerza física y todo su coraje mental. Caerá al suelo, incapaz ya de mantenerse en pie. Si, en cambio, comunicamos por medio del lenguaje algo alegre o inesperadamente alentador, la persona recibirá la energía de un elefante. Las palabras no cuestan ni un centavo, y, sin embargo, no tienen precio. Por ello, deben utilizarse con cuidado. No deben emplearse para el chismorreo, que es estéril, sino únicamente para propósitos puros y productivos. Los antiguos recomendaban el voto de silencio para purificar al lenguaje de todo lo nocivo. Una mente vuelta hacia lo interno, hacia una visión interna de Dios, y el lenguaje vuelto hacia la visión externa, podrán promover ambos la fuerza, el poder y el éxito espirituales.
Sathya Sai Baba
La Sabiduría Suprema

3 comentarios:
Amiga Angelina, no encontré mayor interés que el de dominar mi mente, hacer menguar ese parloteo continuo, y descubrir todo el entramado de falsedad escondido en el pensamiento. Te habrás dado cuenta, que tu vida exterior puede llegar a ser una tapadera, una excusa, para tu búsqueda interior... Encontré un modo de entender en la sinrazón y no sé si te pasó pero, es como si la percepción se hiciera muy vasta, la visión se agudiza, todo se ve como más pequeño y nítido. En ese momento te da un vuelco la forma de ver las cosas y te sientes en paz. Si te rodeas mentalmente de una contradicción y te lanzas por el agujero central... la mente huye. Si los problemas se abordan con otra mente distinta a la que los crea... dejan de ser, no tienen ningún sentido. Ahí afuera la gente habla de otros asuntos, irrelevantes. Se pasan horas... me gusta observarlos. El espejo invierte tu imagen, pero el prójimo, no.
No hay nada mejor que pensar sobre lo que pensamos. Bueno sí lo hay... no pensar. :)
Magnífico post.
Besos.
...y Swami me preguntó en una ocasión: ¿quién eres tu, sin tu?
Sai Ram
Gracias Angelina, por el recuerdo
Gracias Buscador, gracias Santosham por compartir tanta inspiración.
Besos
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